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Miércoles 6

Las actitudes más comunes con las que se puede encontrar ante la muerte, ante el duelo, son el miedo y la negación. Se diferencian tres niveles de análisis para obtener un enfoque multidisciplinar: individual, que depende de las actitudes que se tengan hacia la muerte y las diversas estrategias para afrontar las pérdidas; cambios sociales en consideración a la muerte y cambios culturales sobre conceptos y actuaciones ante ésta.

Las actitudes sociales hacia la muerte varían según la época en la que la persona viva y la conciencia de cada uno. Así, en la vejez, las Personas Mayores confiesan que no tienen tanto miedo a morir como en etapas anteriores, debido en parte a diversas experiencias relacionadas con ello a lo largo de su vida. Su concepto depende en gran medida del estado de salud de la persona y del grado de satisfacción que tenga de la vida, haciéndose más aceptable cuanto más se han satisfecho sus expectativas. Así, se diferencian principalmente actitudes hacia la propia muerte como actitud de indiferencia, temor, descanso o serenidad.

En esta etapa, como en el resto de las etapas vitales,  también se manifiesta un sentimiento de angustia y temor hacia la muerte, donde influyen factores como la edad, el tipo de personalidad o las creencias religiosas.

Centrándose en el tema del duelo, este constituye la pérdida de un ser querido, que trae consigo pérdidas afectivas y cambios conductuales en la persona que lo vive. Es por tanto, un proceso que suele tener una duración de dos a cinco años de media, donde hay que aceptar esa pérdida y comenzar a reorganizar la vida sin esa persona. Normalmente este proceso se compone de tres fases básicas: parálisis y conmoción ante la pérdida, preocupación y tristeza profunda derivada de pensamientos hacia la persona fallecida y, finalmente, fase de recuperación del interés por la vida.

La pérdida de una persona, provoca con ello efectos a distintos niveles, como cambios en las sensaciones corporales, depresión, soledad, idealización de la persona perdida, trastornos del sueño o alimentación o incluso hiperactividad.

Es por esto que se considera vital realizar una serie de tareas para poder superar de manera adecuada la pérdida, consistente en aceptar la realidad de la pérdida, identificar y expresar los propios sentimientos, adaptarse a la nueva vida sin esa persona y ser capaz de implicarse emocionalmente de nuevo.

Luci González. Socióloga, Trabajadora Social, especialista en personas con discapacidad.  Máster en Psicología de la Salud.

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