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La desconfianza de nuestros mayores

abuelos juntos a sus nietos¿Cuántas veces nos ha ocurrido que acudimos junto a nuestro abuelo o abuela y éste se muestra distante y desconfiado con nosotros?

¿Cuántas veces le comprendimos y se lo explicamos detenidamente o, por el contrario, nos enfadamos y nos ponemos automáticamente a la defensiva? Estoy segura de que llevamos a la práctica mucho más la segunda opción que la primera, por el mero hecho de tener la mente tranquila y ser conscientes que jamás se nos ocurriría engañarlos pero… si nosotros lo tenemos tan claro, ¿por qué ellos no? Quizás aquí juega también un importante papel el ajetreo al que nos somete la vida, el cual nos hace restar tiempo a estar con nuestros mayores y, por tanto, no poder demostrarles el sosiego que deberían tener con nuestra compañía y, lo más importante, que SIEMPRE tendrán nuestro apoyo frente a cualquier adversidad. No olvidemos que, por ser de la misma sangre, automáticamente hay que confiar porque, tristemente, en muchos casos nos aprovechamos de esta circunstancia para llevar acciones nada lícitas.

Deberíamos frenar nuestro ritmo de vida y detenernos en las cosas importantes

Dicho esto, considero que sería importante frenar, en la medida de lo posible, el ritmo a nuestros pasos y fijarnos un poco más en lo que nos rodea; pensemos que el tiempo vuela y no debemos permitir que, el día de mañana, echemos de menos no haber estado más con nuestros mayores y, justo en ese momento, sea demasiado tarde. Practiquemos la empatía, regalemos tiempo a quien en su momento nos lo ha dado a nosotros, brindémosle apoyo, comprensión, cariño pero, sobre todo, lealtad y no nos enfademos por su desconfianza o porque necesitan varias explicaciones al mismo problema; es gente mayor que ha vivido en otra época, ha experimentado un mundo completamente distinto al que tenemos hoy en día y si para nosotros es complicado adaptarnos al cambio, imagínense ellos. Se trata, básicamente, de ser empáticos, de ponernos en su lugar.

La desconfianza de nuestros mayores radica en nuestros actos

Entiendo perfectamente que no es grato que nuestro abuelo/padre mayor tenga cierta desconfianza, que no quiera desprenderse de lo que durante tantos años ha tardado en conseguir pero piensen que esta desconfianza radica, seguramente, en nuestros actos; la gran mayoría piensa que estorba y se agarran a lo suyo como la última esperanza de tener una vejez feliz. En cambio, en otras ocasiones, simplemente se quieren sentir útiles y aprovechar la mínima oportunidad para salir de casa, para pasar tiempo con ese ser querido que no siempre tiene tiempo para dedicarle.

Cometemos el fatídico error de querer solucionarle todo, de evitarles trabajos, de ayudarles cuando, en realidad, hacemos justo lo contrario; le hacemos sentir inútiles. Piensen, ¿qué hacemos cuando un bebé no consigue levantarse? Lo dejamos para que lo intente. Pues lo mismo deberíamos hacer con nuestro mayor para que no se deteriore o, al menos, cuando lo haga sea lo más tarde posible.

“Vencer sin peligro, es ganar sin gloria” – Séneca.

Carolina Cendal Villaverde

Trabajadora Social 

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