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La importancia de la rehabilitación neuropsicológica de los Mayores

Mujer mayor sentada en un sillón Aumento de la esperanza de vida

La edad lleva aparejada muchas cosas buenas pero a veces también algunas malas. Con el aumento de la esperanza de vida muchas son las personas que ven como sus familiares presentan algún tipo de patología o pérdida en las habilidades básicas. Desde olvidos cotidianos, a fallos en la realización de las actividades de la vida diaria o problemas en la marcha. Estos problemas suelen ser un signo de alarma para los familiares de los mayores, que tras una evaluación exhaustiva con el especialista pertinente, suelen verificar la existencia de algún tipo de daño neurológico o enfermedad concreta. Y aquí entra en juego la rehabilitación neuropsicológica.

¿Qué persigue la rehabilitación neuropsicológica?

Su objetivo principal es lograr la optimización en el funcionamiento físico, vocacional y social. La recuperación de habilidades perdidas o en su caso, lograr preservar el máximo tiempo posible las capacidades del mayor.

Las técnicas empleadas pueden agruparse en tres, según su gravedad:

  1. Restauración: entrenamiento directo sobre la función deteriorada (p.ej. memoria) para conseguir su buen funcionamiento.
  2. Sustitución: se asume que la función alterada no puede ser restaurada por lo que se potencia el empleo de mecanismos alternativos o habilidades preservadas.
  3. Compensación: se trata de minimizar el impacto del daño a través del empleo de estrategias o ayudas externas, como pueden ser avisadores o agendas, que ayuden a lograr una mayor autonomía funcional.

El tratamiento (que se suele apoyar en la combinación de las tres técnicas anteriores) se debe abordar desde una aproximación unitaria, integradora y multidisciplinar para que la rehabilitación alcance su máxima potencialidad. Debe combinar sesiones individuales y grupales. Individuales para trabajar de forma concreta aspectos cognitivos, emocionales y conductuales y grupales para poner a prueba lo entrenado en la sesión individual y normalizar la situación al participar de la vida en común.

Muchas son las áreas de intervención:

Funciones cognitivas, falta de conciencia de déficit por parte del paciente, entrenamiento en habilidades sociales, intervención en alteraciones conductuales y emocionales, orientación y terapia familiar, así como apoyo social. Éstas se sirven de la propia rehabilitación cognitiva; del uso de ayudas técnicas, como los avisadores o alarmas anteriormente mencionados; de estrategias metacognitivas que aporten comprensión de la enfermedad para optimizar el funcionamiento  general del mayor; o de la psicoterapia, tanto para el paciente como para los familiares y cuidadores, que en muchos casos van a actuar como coterapeutas ayudando a la generalización de sus logros.

Las actividades se suelen  presentar en forma de juego para que su realización no sea tan costosa y se realice de forma dinámica y contando con el apoyo de otros profesionales para maximizar el avance en el tratamiento.

Ante un déficit no se puede tirar la toalla, sino ser fuerte y luchar por preservar todo lo que aún funciona correcta o parcialmente con el fin de que el deterioro sea lo más lento posible y lograr el bienestar del mayor, que al fin, es lo más importante.

Carlota Serrapio Freijido

Psicóloga especialista en dependencia y servicios sociales

http://www.psicoser-carlotaserrapio.com/

https://milperspectivas.wordpress.com/

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