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¿Qué implica la fase media del Alzheimer?

Hombre mayor pensativo

Como ya se comentó la semana pasada conocer los síntomas/signos propios de la enfermedad de Alzheimer puede ayudarnos a identificarla y tratarla de forma precoz. Pero también ayuda al enfermo y a sus familiares a anticiparse a los conflictos sociales y emocionales que afloran a consecuencia de la propia enfermedad. Esta anticipación bien gestionada, puede facilitar la adaptación del enfermo y sus cuidadores a la nueva situación de enfermedad.

Hoy nos vamos a centrar en identificar y dar nombre a los signos propios de la enfermedad que aparecen en etapas medias.

Los signos más evidentes que delatan una evolución paulatina de la enfermedad en estadio moderado son

–      La persona tienen dificultades incipientes  para realizar Actividades Básicas de la Vida Diaria (AVD) como asearse y realizar tareas del hogar sencillas y automatizadas, comer o vestirse. Es necesario supervisión.

–      Necesitan ayuda y supervisión constante para realizar Actividades Instrumentales de la Vida Diaria, las cuales son más complejas y necesitan de una planificación previa, como en el caso del uso del trasporte público.

–      Cada vez están más desorientados y desconectados de la realidad.

No suelen poder recordar acontecimientos importantes y aspectos de su vida actual como el nombre del presidente

Tales como noticias importantes de actualidad, o su dirección domiciliar. Es una alteración variable y fluctuante en esta etapa.

–      Olvidan acontecimientos recientes.

–      Aumentan los problemas de habla y la comunicación. Repite frases, no las acaba, le cuesta relacionar y diferenciar conceptos.

–       Presentan déficits severos en cálculo y pensamiento abstracto.

–      Aparece la deambulación: paseos constantes y repetitivos, sin objetivo aparente.

–      Anosognosia: falta de conciencia de la enfermedad

–      La persona empieza a hacer actos repetitivos y perseverantes sin objetivo aparente.

–      Aumenta el aislamiento, apatía, irritabilidad o inquietud.

–      Los cambios en  el comportamiento son más acusados: agresividad, miedos, alucinaciones…

En definitiva, en esta segunda fase la persona pasa a ser más dependiente del cuidado y supervisión diaria de terceros

. Se ven afectados parámetros sociales y laborales que antes preservaba. Y también es en esta fase en la que el cuidador principal se puede llegar a sentir más sobrecargado hacia la tarea de cuidado, ya que los cambios en el ser querido a nivel cognitivo, conductual, funcional y social son más demandantes de atención y vigilancia como ya se ha remarcado. Por ello, este se convierte en un buen momento para pedir ayuda si no se ha pedido antes, y de delegar responsabilidades del cuidado para preservar también la salud del cuidador en el mejor estado posible.

 

Tamara Martos Sánchez

Psicogerontóloga-Subdirectora Comercial

 

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