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Voluntariado Social de las Personas Mayores

Pareja de mayores donde la mujer sonríeLa hora de la jubilación

Actualmente, las personas mayores a la hora de jubilarse se encuentran con dos factores, que de su adecuada  combinación puede depender que su vida sea “jubilosa” o que se convierta en un vacío que “rellenar”. Estamos hablando del tiempo libre del que disponen al abandonar su actividad laboral, y su buen estado físico, psicológico y social. Una de las posibles combinaciones exitosas que se pueden lograr, es aprovechar ese tiempo y esa energía para hacer algo útil por los demás (y no nos engañemos, también por uno mismo). Y de eso voy a escribir hoy,  del voluntariado.

Los rasgos que definen el voluntariado hoy en día se pueden concretar en las siguientes características:

–          Sensibilidad ante los problemas y las necesidades sociales

–          Capacidad para realizar una tarea de ayuda hacia otras personas

–          No buscar contraprestación económica

–          Realizar la acción voluntaria desde una institución u organización 

¿Qué razones existen para que una persona mayor se convierta en voluntario?

–          Experiencias valiosas para compartir con otras personas de distintas edades

–          Madurez

–          Mayor formalidad y compromiso que se traduce en una continuidad en la actividad voluntaria

–          Más motivación que personas de otras edades puesto que ya tienen claro cuáles son sus metas vítales.

–          Tiempo libre sin un horario estricto

La acción voluntaria tiene una base de solidaridad (servicio hacia los demás sin esperar nada a cambio), participación (generalmente se actúa en grupo o dentro de una organización y existe una participación en la vida política, económica, cultural y social) y desarrollo social (el objetivo último  es modificar una situación injusta y de marginación social).

 Hay diversos tipos de voluntarios: los anónimos espontáneos que suelen brindar apoyo informal, tan extendido en nuestro país, por ejemplo, a la hora de ser buen vecino; los individuales que actúan por libre: aunque estén dentro de una institución, actúan individualmente sin coordinarse. Se entregan totalmente llenos de energía y entusiasmo, sin poner límites ni a sí mismo ni a los demás. Corren el riesgo de “quemarse” al no tener apoyo, así como de perder de vista el fin y quedarse en los medios.

Y por último nos encontramos con los organizados que actúan en equipo, que quizás sea la forma más “eficaz” de voluntariado: la persona es un ser complejo que vive en un entorno difícil, dónde los factores causantes de su malestar son múltiples y diversos. Por eso es importante que el enfoque que se dé para ayudar sea global, y de ahí la necesidad de trabajar en equipo, en un grupo coordinado, dónde cada uno sabrá dar solución a distintos problemas. La efectividad exige estar integrado en un grupo organizado.

Mayores solidarios

 Las razones que llevan a la gente mayor a realizar una labor de voluntariado son de lo más variopintas, al igual que en cualquier otra etapa de la vida, pero entre las motivaciones más frecuentes nos encontramos con querer ser solidario, por ejemplo, directivos jubilados que asesoran a gente joven para emprender; participar en tareas colectivas, por creencias religiosas o por los programas, actividades y objetivos de la organización en la que se desea participar. Por supuesto también están aquellas motivaciones orientadas hacia uno mismo, como auto gratificación, el deseo de pertenencia a un grupo, evitar el aislamiento, ocupar el tiempo libre o aprender nuevos conocimientos, como por ejemplo los voluntarios guías mayores en los museos.

 El voluntario puede realizar todas aquellas actividades que representan un soporte humanitario que complementa y anticipa la labor del profesional. Llegan dónde el profesional no alcanza o completa el trabajo del profesional, suple al familiar, amigo, etc. El trabajo del voluntario es mucho más ágil, más flexible, más independiente, ya que no está sujeto a un contrato laboral y puede cubrir carencias que no se pueden cubrir con dinero, sino desde la gratuidad y siendo fraternal: no se puede contratar a nadie para dar amistad, solidaridad, comprensión, que son necesidades básicas. Y nuestros mayores son expertos en todos estos valores!!

Mª Amelia Hacar Martín

Psicóloga Gerontóloga

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